Las hojas del calendario caen con el paso de los días, se llevan algo más que una simple fecha, se desploman hacia el suelo un sinfín de emociones enmarcadas en una historia que nunca fue escrita.
Una historia que nunca encontró las palabras precisas para iniciar el relato de un amor que -quizá- nunca sucedió.
O tal vez es la incertidumbre del autor -o los autores- que saben que esta vacilación le pasa a los responsables de escribir las mejores historias de amor.
A lo mejor es como aquella duda constante al soñar la palabra TEMO, que no era más que la falta de una elemento y era responsable una vieja máquina de escribir.
En el pasado ha sucedido algo parecido, sin embargo, parecía que el autor por fin había encontrado las palabras adecuadas para describir una historia llena de escenas infinitas.
JAGB


